El concepto del ciclo del agua asume el hecho de que la cantidad o masa total de agua en la hidrosfera permanece constante en el tiempo. Se trata de un proceso continuo, en el que el agua adquiere un carácter dinámico tanto en el espacio como en el tiempo, así como, en cuanto al estado físico en el que se encuentre.

Lo más intuitivo, es considerar una primera fase del agua que precipita, es decir el vapor de agua contenido en la atmósfera se condensa alrededor de las partículas, y por el peso cae y se desplaza de la atmósfera a la superficie terrestre. A rasgos generales, el agua precipitada se evapora de nuevo o fluye comno corriente superficial o subterránea hacia el mar, donde se evapora de nuevo, repitiéndose el fenómeno sin solución de continuidad.

El ciclo hidrológico constituyte un fenómeno sin el cual sería imposible la vida en el planeta. a lo largo de la historia la humanidad se ha beneficiado de él aprovechando las aguas de las lluvias y captando el agua en las fases de circulación superficial o subteránea. Estos son pues, los aspectos del ciclo que en el orden práctico adquieren mayor importancia: las precipitaciones y la circulaciíon de aguas superficiales y subterráneas.

 

 

Por su latitud, a Canarias le corresponde un clima seco y cálido. Sin embargo, esta caracterización climática se ve modificada por diversos factores, entre ellos la presencia de los vientos alisios. Estos vientos dominantes tienen dos componentes principales: la inferior, es una corriente de aire húmedo y templado que proviene por lo general del NE, y la superior, cálida y seca, sopla desde el NO. En razón a estas corrientes, entre los 1.000 y 1.500 m sobre el nivel del mar, suele formarse una inversión térmica muy marcada, caracterizada por el ascenso de la temperatura con la cota.

Principalmente son dos las situaciones atmosféricas que producen precipitaciones en el Archipiélago: la primera, ocasionada por las invasionesde aire polar frío por el norte y la segunda por la intrusión de aire húmedo y cálido desde el sur.

En Gran Canaria las precipitaciones se estudian mediante una red estable de pluviómetros que permite determinar la cantidad de agua que cae cada 24 horas. La precipitación anual media, obtenida en el Plan Hidrológico de Gran Canaria en 1995, para un periodo de 43 años, fue de 300 mm, equivalente a 466 hm 3 (Figura 1).

Figura 1 .- Variación de la precipitación en el periodo 1951-1994, Plan Hidrológico de Gran Canaria, 1995.

   
   

Además, a lo largo de este periodo no se aprecian variaciones que obedezcan a ciclos estables y significativos, y el número de años con precipitaciones inferiores a la precipitación media es mayor que el de años con valores superiores. Por otro lado, los valores de la precipitación en los años húmedos llegan a ser superiores en un 144% al valor medio y en los años secos inferiores en un 64%.

 

Del diagrama obtenido a partir de los datos procesados en 1995 para el Plan Hidrológico de Gran Canaria, se puede caracterizar la distribución mensual de las precipitaciones (Figura 2), de manera que, los valores máximos (más de 60 mm) se sitúan en los meses de noviembre, diciembre, enero y febrero, mientras que los valores mínimos, correspondientesa los meses en los que la precipitación es inferior a 10 mm, pertenecen a los meses de junio, julio y agosto.

En cuanto a la distribución en el espacio de los valores de precipitación, a partir del plano de isoyetas obtenido en el Plan Hidrológico mencionado (Figuras 3 y 4), se detecta un aumento con altura, siguiendo un eje de orientación NO-SE. Se observa además la aridez relativa de la cuenca del barranco de La Aldea a pesar de tener los máximos de precipitación en su divisoria.

 

 
Figura 2 .- Distribución mensual de la precipitación en el año medio, (Plan Hidrológico de G.C., 1995)
       
Figura 3 .- Mapa de isoyetas. (Plan Hidrológico de Gran Canaria, 1995)
Figura 4 .- Mapa de isoyetas por rangos. (Plan Hidrológico de Gran Canaria, 1995)
     
     
Tal y como indica su nombre, la evapotranspiración es un fenómeno físico que suma el de evaporación (fundamentalmente del agua del suelo que puede encontrarse en cursos de agua superficiales) y el de transpiración (de carácter eminentemente vegetal). En resumen, es el proceso por el cual, el agua cambia de estado líquido a gaseoso, y directamente, o a través de las plantas, vuelve a la atmósfera en forma de vapor. La unidad utilizada para la evapotranspiración es el milímetro de altura de agua, al igual que la lluvia, y que equivale a 1 L/m2 o a 10 m3/ha.

En general, la evapotranspiración depende de la capacidad que tenga el aire de absorber vapor de agua, que a su vez dependerá de la temperatura y humedad en superficie, y de la velocidad y dirección del viento así como del número de horas de insolación.

Comparando los valores de precipitación mensuales con los de evapotranspiración (Figura 5), se observa que desde marzo hasta octubre, la evapotranspiración es mayor que la precipitación, mientras que en noviembre, diciembre, enero y febrero ocurre lo contrario.

Durante el SPA-15 se determinó, mediante balances diarios en el período 1970-1974, que el 65% de la cantidad de lluvia caída durante un año se evapotranspira, mediante evaporación directa y mediante transpiración de la cubierta vegetal, que el 16% forma escorrentía superficial y el 19% restante se infiltra (Figura 6).

 
Figura 5 .- Comparación anual de la precipitación con la evapotranspiración.

La escorrentía superficial, que es producida por episodios lluviosos aislados de carácter torrencial, se aprovecha mediante presas y tomaderos que interceptan las avenidas cuando estas se producen. Esta escorrentía, expresada como un porcentaje del valor medio anual de la precipitación, es un dato simplemente indicativo, dado el régimen variable de las precipitaciones.

Los recursos superficiales estimados como media interanual de los volúmenes aprovechados en embalses no representan más de 11 hm 3 , por lo que su porcentaje dentro de los recursos totales usados (5%) es poco significativo como valor medio, aunque en años húmedos pueda llegar a ser importante.

 

Figura 6.- Balance Hidrológico estimado en el periodo comprendido entre 1970-1974, SPA-15

 

Por otra parte, al ser considerada la escorrentía como agua de dominio público desde la primera Ley de Aguas, se ha generado una dinámica de expedientes administrativos que, aunque su tramitación ha sido procedimentalmente correcta, con las informaciones públicas pertinentes, en la práctica no sólo no han significado una mejor regulación de la escorrentía debido a que los aprovechamientos no se han concedido en base a estudios hidrológicos de regulación, sino que actualmente incluso dificultan la realización de otras actuaciones, como por ejemplo, obras de corrección y de recarga .

Por otro lado, parte del agua que llega a la superficie puede infiltrarse por gravedad e ir descendiendo verticalmente a través del agregado granular (o fisuras) que componen el terreno o formación geológica, hasta llegar a la zona saturada, que es aquella zona donde por acumulación (por debajo ya aparecen materiales impermeables u otras formaciones) el agua llena la totalidad del poro o huecos entre la roca, y que es lo que denominamos el acuífero propiamente dicho.

Con la observación de la evolución de niveles y calidades del agua extraída,, se ha establecido, desde un punto de vista simplificado y conceptual, que en la isla se puede considerar un acuífero único heterogéneo y anisótropo. Este concepto debe ser entendido a efectos de la transmisión a muy largo plazo de ciertas perturbaciones que se producen en el acuífero, por ejemplo, descensos globales. No obstante, a corto plazo, dadas las diferentes características hidrológicas e hidrogeológicas de las distintas zonas de la isla, la respuesta del acuífero es diferente en cada una de ellas y se transmite sobre áreas de menor tamaño, que implican la existencia de un tratamiento diferenciado en cada una de ellas.

La realización de inventarios de captación de agua subterránea (nacientes, pozos y galerías) en diferentes años, principalmente 1972, 1980, 1991 y 1997, y los inventarios por zonas de la isla y sobretodo de los acuíferos costeros, junto con el conocimiento de situaciones puntuales a nivel histórico (molinos de agua, fuentes públicas, etc.), no ha hecho más que constatar que se ha estado extrayendo más agua que la que permitiría el equilibrio del acuífero, produciéndose como consecuencia el descenso del nivel freático, secado de fuentes, profundización de pozos y el empeoramiento de calidades por la extracción de agua con mayor tiempo de residencia en el acuífero e incluso por intrusión marina.

   

 

Paralelamente, la práctica habitual de las Comunidades, Heredades y personas particulares, llevó a una sobreabundancia de autorizaciones que en muchos casos no eran más que medios de defensa para evitar que el agua alumbrada pudiera ser distraída del punto de captación. En cualquier caso, hasta la década de los noventa, la extracción de agua subterránea había sido el único medio de continuar la explotación de cultivos exigentes en agua que han intentado mantener la agricultura de la isla.

No obstante, aunque sólo a nivel puramente administrativo, la existencia de unas 4.000 autorizaciones distintas de puntos de agua subterránea es en sí mismo un dato que indica la necesidad de regularización con todas las garantías.

Si hasta ahora ha sido necesario para la economía insular la extracción de agua subterránea en un volumen superior al deseable para mantener el equilibrio del acuífero, el aumento del nivel y de la calidad de vida, junto con las consecuencias de la sobrexplotación (escasez, carestía y empeoramiento de la calidad del agua) están obligando al uso de aguas de procedencia no natural, fundamentalmente para el suministro urbano y turístico las aguas desalinizadas y para la agricultura las depuradas, sin olvidar las procedentes de desalinizadoras de aguas salobres, empleadas en ambos usos eventualmente.

 

El hecho de que en el plazo de cuatro años se pretende que el abastecimiento doméstico de una población de más de 500.000 habitantes esté resuelto mediante desalinización de agua de mar y el que el agua residual producida, será depurada y reutilizada, con el consiguiente incremento de recursos que esto supondrá, nos dan la señal de partida de la reestructuración de la extracción del agua subterránea.

La necesidad de evitar la contaminación del agua subterránea, prácticamente irreversible a escala humana, implica la adopción de medidas que obliguen en un plazo determinado de tiempo la supresión de focos contaminantes, como los pozos negros y las fosas sépticas. Por otro lado la consideración del agua residual como recurso implica paralelamente la extensión del saneamiento de tal modo que permita el aprovechamiento del agua de buena calidad como será la del abastecimiento doméstico.

Figura 7.- Comparación de recursos entre Europa, España y Gran Canaria.